FRANCISCO GIL (1910-1972): LA ESCUELA DE MADRID EN LA TRADICIÓN PICTÓRICA DE COLMENAR DE OREJA.

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El próximo día 4 de mayo de 2018 se inaugura en la sala de exposiciones temporales del Museo Ulpiano Checa, la dedicada a la obra del colmenarete, y sobrino nieto de Ulpiano Checa, Francisco Gil García (Colmenar de Oreja, 10 de Octubre de 1910 – Madrid, 4 de junio de 1972), uno de los mejores, más representativos, y acaso más desconocido, de los pintores de la Escuela de Madrid, que cierra, por ahora, la rica tradición pictórica de Colmenar de Oreja, que iniciaron los pintores reales Francisco López (Colmenar de Oreja, 1554-Madrid, 1629) e Isidoro Arredondo (Colmenar de Oreja, 1655-Madrid, 1702), que continuó y elevó a la máxima expresión Ulpiano Checa (Colmenar de Oreja, 1860-Dax, 1916), sin olvidar a Enrique Recio Gil (Madrid, 1856 – Italia? 1917), hijo de la colmenareta María Gil, y a Gil Saiz Gil (Colmenar de Oreja, 1876-Madrid?).

 

 

Fueron los padres de Francisco Gil Josefa García Ruiz y Francisco Gil Fernández-Checa (hijo de Victoria, la hermana de Ulpiano Checa) quienes, viendo sus dotes para el dibujo y la pintura, se establecieron en Madrid, donde, en 1929, ingresó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Por concurso de méritos obtuvo una plaza de pensionado en el Ayuntamiento de Madrid en el año 1933. En 1935 realizó su primera exposición en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y en ese mismo año obtuvo la prestigiosa beca Conde de Cartagena, convocada por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, para ampliar estudios en Italia, Francia y Bélgica. La citada Fundación Conde de Cartagena le premiaría, en el año 1941, con su medalla de mérito por el cuadro Retrato de la madre del pintor.

 

En el año 1936, durante su etapa en el extranjero, viajó a París, donde tomó contacto con los círculos pictóricos de la capital francesa. Posteriormente se trasladó a Bélgica, a Florencia y a Venecia, donde asistió a la Bienal del Arte para, más tarde, regresar de nuevo a París. Ya iniciada la guerra civil española en 1936, Francisco Gil prolongó su etapa de pensionado y fijó temporalmente su residencia en Villa Mathilde, la casa de Ulpiano Checa en Bagnères de Bigorre, donde residía su viuda, Matilde Chayé. De esa época es el cuadro Paisaje de Bagnères que se conserva, inventariado con el número 896, en la colección de pinturas de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. También de aquella época es la pequeña acuarela fechada en 1937 que el pintor regaló a Matilde Chayé, junto a la siguiente dedicatoria escrita sobre la firma: “Para mi querida tía, con todo cariño, Francisco Gil. Asté, 1937”, incorporada en el álbum de visitas de Matilde Chayé.

 

De regreso a España, durante el periodo 1941 al 1945 fue profesor de la Real Fábrica de Tapices de Madrid. Por concurso-oposición, en el año 1943 ganó la plaza de Profesor Numerario de Dibujo Artístico de la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos de Madrid, donde, en el año 1966, fue nombrado su Secretario por la Dirección General de Bellas Artes.

 

Con obra en museos nacionales, así como en numerosas colecciones privadas, en 1955 Francisco Gil donó al Ayuntamiento cuatro aguafuertes, Calle del viejo París, Entrada al museo, Una calleja y Día de mercado, coincidiendo con la visita que hizo a Colmenar de Oreja comisionado, junto a sus primos Tomás Rubio y Alejandro Fernández-Checa, por Felipe Checa para la entrega y donación al Ayuntamiento de los óleos de Ulpiano Checa El rapto y El galope, la acuarela El vendimiador de Colmenar, y el busto en escayola de Checa realizado por L. Bernstamm en 1890. Asimismo entregó la paleta grande que usó Ulpiano Checa para los murales de la iglesia de Santa María, obras todas que forman parte del inventario del Museo Ulpiano Checa. Finalmente, Francisco Gil participó en la restauración del mural San Cristóbal, realizado por Ulpiano Checa en la iglesia parroquial de Colmenar de Oreja, muy dañado por la guerra civil.

imagen

 

En el centro de la imagen, el pintor Francisco Gil escucha con atención las palabras del alcalde don Juan Bautista Freire en el acto de entrega de los cuadros donados por Felipe Checa para el Museo Ulpiano Checa en 1955. Detrás del alcalde, don Constantino Hurtado, Secretario del Ayuntamiento y artífice de la creación del museo. Asomando la cabeza tras el alcalde, doña Paulina, comadrona de Colmenar de Oreja. Junto al pintor, el alguacil Emilio Rayado, el tío Julián “Machito” y Bautista Haro. El primero por la izquierda es don José Hernández, alcalde de Colmenar de Oreja casi veinte años después.

La exposición FRANCISCO GIL (1910-1972): LA ESCUELA DE MADRID EN LA TRADICIÓN PICTÓRICA DE COLMENAR DE OREJA, organizada por la Asociación Amigos del Museo Ulpiano Checa y de la Historia de Colmenar de Oreja, y comisariada por los hijos del pintor, Isabel y Javier Gil Gutiérrez, está compuesta por una treintena de obras de diferentes formatos, soportes y técnicas, entre óleos, acuarelas, lápices y aguafuertes de paisajes, retratos y bodegones.

 

La obra de Francisco Gil se ajusta a la preocupación por el paisaje (plasmado con realismo y de un profundo expresionismo) y a la sobriedad cromática (dimensión expresiva que trasmite el desgarro de la España de la posguerra) propia de la Escuela de Madrid, si bien su paleta es más viva y amplia en los años anteriores a la contienda española, fundamentalmente durante el período de su estancia en Francia, y en los inmediatamente anteriores a su fallecimiento.

 

La profesora Mª Begoña Fernández Cabaleiro se refiere a la Escuela de Madrid como el paso intermedio entre el fuerte conservadurismo de la primera cultura franquista y la vanguardia más pura que se va a desarrollar en España en la década de los cincuenta. José Hierro, en 1962, reconocía la tarea renovadora de dicha Escuela, que se ajusta perfectamente al contenido y a la intención de la obra de Francisco Gil:

 

Entiendo por Escuela de Madrid pintores de personalidades, tendencias, edades distintas, unidos en su común apetencia de buscarle a la pintura de la posguerra una salida liberadora. Hace casi veinte años unos jóvenes que se acercaban a la treintena echaron sobre sus espaldas el peso de esta tarea renovadora: tratar de poner la pintura de España a la altura de la pintura europea, huyendo del academismo caduco. Y así (…) la Escuela de Madrid sería el módulo a partir del cual —por contradicción o por evolución— nacería la pintura abstracta.”

 

Próximos a Francisco Gil, contemporáneos, compañeros o amigos suyos, fueron Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Francisco Arias, Álvaro Delgado, Menchu Gal, Luis García Ochoa, Juan Guillermo, Cirilo Martínez Novillo, Gregorio del Olmo, Agustín Redondela y Francisco San José, sin olvidar a Hernando Viñes, sobrino de Ricardo Viñes, el amigo de Ulpiano Checa

cementerio

Francisco Gil. Cementerio de París. Óleo sobre tabla. 25,5 x 35 cm. 1936. Firmado en ángulo inferior derecho.

 

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